Su aprendizaje en el difĂcil arte de la construcciĂłn lo hizo en el taller de Manuel RamĂrez
Domingo Prat, “Diccionario de guitarristas”, 1934:
GARCĂŤA CASTILLO, Enrique.-Eximio guitarrero español. NaciĂł en Madrid el año 1868, hijo de Juan GarcĂa, buen constructor. Está considerado como el Stradivarius de la guitarra y su trabajo no presenta la falta de homogeneidad que caracteriza al de Torres, tal vez debido a los distintos ambientes en y para los cuales ambos trabajaron.
Su aprendizaje en el difĂcil arte de la construcciĂłn lo hizo en el taller de M. RamĂrez, cuando este se instalĂł en la Plaza Santa Ana. Junto a tan grande maestro, GarcĂa bien pronto penetrĂł en los secretos de la lutherĂa, y asĂ fue como en el año 1893 conquista el Primer Premio en la ExposiciĂłn de Chicago. Sigue durante dos años más en el taller de RamĂrez, en calidad de oficial, y en 1895 se traslada a Barcelona, instalándose con taller propio. Los cinco primeros años pasados en la ciudad condal, fueron para GarcĂa llenos de privaciones y amarguras sin nombre, por el escaso trabajo que lo relegaba a una vida de estrecheces no concebibles. La amistad grande que lo uniĂł al amateur LeĂłn FarrĂ© DurĂł, protector a la vez de Tárrega, le sacĂł de muchos apuros y librĂł de más angustias.
Consolidada ya su fama de gran maestro en el arte del guitarrero, le pude ver en la calle AragĂłn 309, de la misma ciudad, donde tuve el gusto de compartir los mejores ratos. En el viaje que hice a la Argentina, traje la primera guitarra GarcĂa que llegara a AmĂ©rica, y con ella conquistĂ© los mejores triunfos; en 1912 le hice otro encargo de dos guitarras, conjuntamente con Antonio SinĂłpoli, intensificando con nuevos pedidos, la introducciĂłn de sus famosos ejemplares. La casa “Romero y Agromayor”, hoy. “JosĂ© B. Romero”, por mi intermedio, pidiĂł a GarcĂa la exclusividad de sus guitarras, hoy tan buscadas y fuertemente pagadas. Cabe, pues, al autor de esta obra, el no escaso honor de haber introducido las guitarras GarcĂa en AmĂ©rica.
Una vez llegado yo a Barcelona, las visitas a su taller fueron menudeando y la amistad intensificándose, hasta el dĂa en que llamándome a su lado, en presencia de Francisco Simplicio, su discĂpulo, que anteriormente habĂa sido un modesto carpintero, y del notario, decidiĂł hacer, tomándonos como testigo, su testamento. Antes me obsequiĂł en testimonio de su amistad, una de las guitarras de su marca, que poseo, aun sin terminar, pero con la seguridad de que si no era de mi agrado eligiese cualquiera de las cinco que habĂa en su taller. Demás está decir, que por lĂłgicas razones, quĂ©deme con la Ăşltima que saliera de sus manos, agregándole Simplicio los pocos detalles de conclusiĂłn que faltaban.
Tengo del maestro desaparecido, muy buenos y gratos recuerdos, entre los que valoro cuatro de sus guitarras. Una de la primera Ă©poca, sin numerar, construida en Barcelona, calle AragĂłn 455 (nomenclatura antigua, año 1899): otra perteneciente al año 1902 y con el nĂşmero de guitarra, 22. De la segunda Ă©poca, construidas en su Ăşltimo local, Paseo San Juan, 110, dos, una con el nĂşmero 267, año 1922, y la que me obsequiĂł al hacer su testamento, que está indicada con el N. 272. GarcĂa empezĂł a numerar las guitarras al comenzar el siglo. Anteriormente, escribĂa solamente en la etiqueta el año en que las construĂa, adoptando despuĂ©s la numeraciĂłn y más tarde la firma. Dos dĂas antes de fallecer, aĂşn firmĂł un buen nĂşmero de etiquetas para que su sobrino las cediese oportunamente a Simplicio, y asĂ poder este desenvolverse, hasta que rindiera cuentas del costo del taller, del que quedĂł propietario un sobrino de GarcĂa, de nombre RamĂłn.
En mi poder conservo, con gran cariño, una carta suya, posiblemente la Ăşltima que en vida ha escrito; está fechada el 1 de septiembre de 1922, muriendo el guitarrero el 31 de octubre del mismo año. Siempre será interesante, y para algunos de un valor documental, que se dĂ© a conocer aquĂ esta carta, ya que pertenece al más grande de los guitarreros habidos hasta el presente. Mañana, cuando los biĂłgrafos estudien detenidamente la personalidad de GarcĂa, como hoy lo hacemos con Stradivarius, me quedará el honor de haber aportado un rasgo que sintetiza la cultura de GarcĂa. Por esto, copio fielmente la carta, sin corregir siquiera sus faltas de ortografĂa. Dice asĂ:
“QueridĂsimo amigo Domingo, dice el refrán que más vale tarde que nunca y ateniĂ©ndome a este adagio, le escribo casi a la terminaciĂłn de mis correrĂas por estos mundos, en los cuales he visto paisajes muy bonitos, pero que para los efectos que me habĂa propuesto no he encontrado resultado positivo hasta el momento, con este motivo espero estar de regreso a mediados de la semana entrante. Supongo estará V. hecho ya un SansĂłn y con este motivo habrá V. hecho algĂşn paseito a mi modesto taller para ver los progresos que hacen mis guitarras que desgraciadamente yo he tenido que abandonar, y el trabajo que me costara recuperar lo pedido y menos mal si lo puedo llegar a recuperar. Sin otra cosa que este bueno es mi deseo, con muchos recuerdos para su señor padre y familia y V. reciba un apretĂłn de manos de este, su amigo que lo quiere (firmado) Enrique”.
Esta carta, que tiene el membrete. “Balneario de Vallfogona de Rincorp”, en Tarragona, denota la gran amistad que me uniĂł a GarcĂa, ya que fiado de ella, me pide un “paseito” a su taller, a fin de tenerlo al tanto de la buena marcha del mismo y sobre todo de sus guitarras.
Incluimos una crĂłnica que con motivo de su deceso publicĂł “El Noticioso Universal”, 1-XI-1922, de Barcelona:
“Ha muerto el admirable guitarrero Enrique GarcĂa Castillo. La cruel enfermedad que desde hace algunos años le llenaba de sufrimientos e iba minando lentamente su organismo ha puesto tĂ©rmino a la vida del bondadoso amigo, tan bueno y exquisito en su trato con todo el mundo como notable en su profesiĂłn. Para los que no pertenezcan a la familia guitarrĂstica, no siempre bien avenida, dicho sea de paso, pero familia al fin, les será seguramente desconocido este nombre, que merece figurar entre el de los más esclarecidos instrumentistas.
Enrique GarcĂa naciĂł en Madrid, paso el aprendizaje de su oficio en la cĂ©lebre guitarrerĂa de RamĂrez, trasladándose despuĂ©s a nuestra ciudad, donde se estableciĂł y ha residido desde hace treinta años, hasta su muerte. LlegĂł a adquirir tal perfecciĂłn en su arte que puede afirmarse sin exageraciĂłn que las guitarras que salieran de sus manos de unos cuantos años a esta parte, superan en mucho en calidad y en cantidad de sonido a las mejores que se han fabricado, incluso a las del famoso Torres. Y por lo que respecta a las demás condiciones que requiere un instrumento mĂşsico de primera calidad, cabe decir que las guitarras GarcĂa lograron la perfecciĂłn. Modesto, como pocos, recluido siempre en su tienda del Paseo de San Juan, luchando denodadamente con la dolencia que le ha llevado al sepulcro, no tuvo otra aspiraciĂłn que la del perfeccionamiento de su trabajo. No cuidĂł de hacerse el reclame, tan necesaria en nuestros aparatosos tiempos, y esta es la causa principal de que su gran mĂ©rito haya quedado bastante oscurecido. El brillante nombre de la casa GarcĂa, hay fundadas esperanzas de que no se extinguirá, pues su Ăşnico e inteligente discĂpulo Francisco Simplicio se propone continuar la labor del maestro, habiendo ya dado alguna buena muestra de ello. Descanse en paz el guitarrero insigne y buen amigo…”
Enrique GarcĂa se relacionĂł con los guitarristas más destacados de su tiempo
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